PALABRAS DEL DIRECTOR

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Ante la siguiente premisa, “La sociedad actual reclama por una educación de calidad y las escuelas quieren dar respuesta concreta a esta demanda”. Hoy nos sumamos en la Escuela Padre Francisco de Crozé a dar respuestas, a tratar de resolver este gran problema. Sin embargo, debemos entender algunos principios a modo de directriz que genere el cambio, tanto buscado.
Para ello, debemos primero tener una herramienta a mano, la evaluación; así, en términos generales, en todos los ámbitos de nuestra vida, una evaluación no sólo pensada en evaluar las calificaciones, sino aún más compleja, evaluar nuestro rumbo, nuestro camino personal, evaluar las acciones.
En la actualidad, se reconoce la evaluación como parte del proceso de enseñanza y aprendizaje (en todos los niveles y en todas las asignaturas), como una valoración integradora y continua, como un proceso de mejora progresiva que lleva a la persona a aprender de sus propios errores, entre otras características. Pero, si nos adentramos en el ámbito más práctico, se detectan pequeñas ambigüedades a esta concepción altamente consensuada en el mundo educativo. Una de ellas se refiere a su metodología y, concretamente, a la tipología de instrumentos que se utilizan en la evaluación; en este sentido, investigaciones apuntan que siguen siendo el uso de pruebas escritas, el cuaderno de clase y la corrección de los alumnos en la pizarra los más utilizados para evaluar los contenidos y las habilidades que los niños aprenden. Estos instrumentos, que por sí mismos son útiles y correctos, precisan un análisis sobre su planteamiento inicial y el uso que de ellos se hace para determinar su verdadera validez, siempre pensando en la globalidad y complejidad del conocimiento, que no se puede ceñir a un tipo de contenido o a una gama limitada de capacidades. Hoy nos adentramos en un mundo complejo, pero, a todos nos corresponde ser partícipes de esta realidad, de este compromiso: a nosotros los educadores en su esencia , a los padres, a los apoderados, porque no, a nuestros alumnos, evaluarse o autoevaluarse, establecer si lo que es enseñado es ensimismado, es interiorizado, es aprehendido.
La cautela, de lo aprendido, es de todos. No se debe esperar que la escuela nos prive de la gran oportunidad que todos los actores del proceso de aprendizaje de los niños, tenemos. Este es un llamado especialmente a los padres y apoderados.
Para hacer que la educación sea de calidad, debemos darnos un tiempo, reflexionar, hacer los cambios, es como formatear un pc, para que funciones más rápido con todas sus destrezas, con toda la imaginación, con todos nuestros sentidos. Hagamos nuestras tareas, propongamos un año 2016 en crecimiento.
Estas palabras, quiero que durante el transcurso del año se hagan realidad para así, con la protección y acompañamiento de nuestra madre María, logremos tener una educación de calidad.

Rodolfo Vargas Pincheira

Director